El mal de ojo es una creencia extendida casi por todo el planeta. Seguramente nació con el origen del hombre. En esta expresión se entiende que una persona envidiosa y vengativa tiene ciertos poderes y los usará en contra de su enemigo. El daño irá desde las dificultades económicas hasta los desengaños amorosos, desde el cansancio hasta accidentes y desde la mala salud hasta la muerte. Para evitar el mal de ojo se recurre a múltiples sortilegios y amuletos. Para que los poderes del envidioso se desbaraten como el papel lo hace en el agua, la mejor fórmula es aumentar la autoestima y la fuerza interior del atacado. Hay personas que emplean el mal de ojo sin saber que poseen tal poder: sienten deseos de venganza hacia algún individuo, pero jamás usarían voluntariamente ninguna artimaña. Sin embargo, involuntariamente crean una energía que se materializa en forma de algún tipo de malestar en la persona despreciada. El remedio ideal continúa siendo el mismo que el del mal de ojo voluntario. Precaución y amor.
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